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JESÚS Y LOS ESENIOS

(Frater Phileas)

 Nos dice el historiador romano Flavio Josefo en “Las guerras de los judíos”:

“Entre los judíos había tres sectas filosóficas. Los secuaces de la primera son los fariseos, los de la segunda los saduceos y los de la tercera, que tienen la reputación de una mayor santidad, reciben el nombre de esenios. Éstos son judíos de nacimiento, y los unen lazos de afecto más fuertes que los de las otras sectas. Rechazan los placeres, estiman la continencia y consideran como una virtud el dominio de las pasiones”.

Aunque los esenios eran muy conocidos en los tiempos de Jesús el Cristo, las escrituras del Nuevo Testamento no les dedican una sola línea –ni favorable ni desfavorable–, mientras que abunda en adjetivos hacia los fariseos y saduceos. Baigenty Leigh dice nacerca de esto: “Si la ausencia de zelotes de los evangelios es notable, tambiénlo es la de los esenios. En la Tierra Santa de la época de Jesús los esenios constituían una secta tan importante como los fariseo y los saduceos, y es inconcebible que Jesús no entrara en contacto con ellos. De hecho, a juzgar por la descripción que d eél se hace, diríase que Juan el Bautista er un esenio. La omisión de toda referencia a los esenios parece dictada por las mismas consideraciones que causaron la omisión de virtualmente toda las alusiones a los zelotes. Resumiendo, las relaciones de Jesús con los esenios, al igual que su conexión con los zelotes, eran probablemente demasiado estrechas y demasiado conocidas para negarlas. Lo único que podía hacerse era glosarlas y ocultarlas”.

LOS ESENIOS.

Según la definición de Edmond Bordeaux Skeleky:

“Los esenios vivían en las costas de los lagos y los ríos, y practicaban un forma comunal de vida, compartiendo todo por igual. Fuero nprincipalmente agricultores y arboculturistas, que tenían un vasto conocimiento d los cultivos, del suelo, de las condiciones climatológicas que les permitió cultivar una extraordinaria variedad de frutas y legumbres en áreas relativamente desiertas y con un mínimo de trabajo. No tenían servidores ni esclavos y se dice que fueron los primeros en condenar la esclavitud tanto en teoría como en la práctica. No había ni ricos ni pobres entre ellos, pues consideraban ambas condiciones como desviaciones de la Ley. Establecieron su propio sistema económico, basad ocompletamente en la Ley, y demostraron que todas las necesidades del hombre de alimentos y materiales pueden ser cubiertas sin esfuerzo, y por medio del conocimiento de la Ley. Pasaban mucho tiempo tanto en el estudio de escritos antiguos como en ramas especiales del saber, tales como la educación, l medicina y la astronomía. Se dice qu fueron los herederos de la astronomía caldea y persa y de las artes curativas egipcias. Eran adeptos en profecías para las que se preparaban con ayunos prolongados. Eran igualmente expertos en el uso de las plantas y hierbas para curar tanto hombres como animales. Llevaban una vida sencilla y regular, levantándose cada día antes de la salida del Sol para estudiar y comulgar con las fuerzas de la naturaleza, bañándose en agua fría como un rito, y usaban vestiduras blancas. Después de su trabajo diario en los campos y viñedos compartían sus comidas en silencio, precediéndoles y terminándolas con plegarias. En su profundo respeto por las cosas vivientes nunca tocaban alimentos de carne, ni bebían bebidas fermentadas. Sus noches eran dedicadas al estudio y a la comunión con las fuerzas celestiales. La noche era elc omienzo de su día, y el Sabat, o día santo, comenzaba el vierne spor la noche, el primer día de su semana. El día estaba consagrado al estudio, a la discusión, a la atención de los visitantes y a tocar ciertos instrumentos musicales, de los que se han descubierto algunas réplicas. Su forma de vida le spermitía vivir hasta edades avanzadas de 120 años y más y se decía que poseía una fortaleza y resistencia extraordinarias”.

Practicaban la comunidad de bienes, trabajando mayormente en tareas agrícolas y ejercían otros oficios como carpintería, jardinería, tejido, etc. Eran también conocidos como terapeutas o sanadores y según Schuré “eran médicos del alma” (4).

                                       L.C.T. – V


Tenían formas secretas de reconocerse entre ellos, como hacían los pitagóricos, y cuando visitaban a otros esenios, eran recibidos como Hermanos de la Fraternidad Esenia, siendo agasajados como tales.
La gente los llamaba “los Hermanos de blanco”, en alusión a sus níveas vestimentas.
 
En el “Manual de Disciplina” encontrado en Qumran, la comunidad esenia se define así misma como “un eterno jardín, una santa casa de Israel, el más santo enclave de Aarón, testimonio de la verdad en el juicio y elegida por el favor divino para expiar por la tierra, para castigar al malvado por sus merecimientos.
 
Es el muro maestro, la preciosa piedra angular cuya fundación no será removida ni arrancada de su sitio”.
Mientras que algunos esenios vivían en villas alejadas de las urbes, en plena naturaleza, practicando una vida austera y piadosa, otros residían en las ciudades, generalmente en grandes construcciones que pertenecían a la Hermandad, y que servían como vivienda, albergue y hospital, donde sanaban a los enfermos.`
 
Según la tradición esotérica, Jesús el Cristo ingresó a la secta de los esenios durante sus “años perdidos”, conociendo sus secretos y siendo iniciado en la Orden, como paso previo a su predicación pública. Siguiendo estos razonamientos, el historiador Ernest Renan decía que “el cristianismo era el esenismo triunfante”. Más adelante analizaremos la relación entre Jesús y la secta esenia.
 
Harvey Spencer Lewis describe a los esenios como “una rama de la Fraternidad iluminada de la Gran Logia Blanca, nacida en Egipto durante los años precedentes de la primera al reinado de Akhenatón, el insigne fundador de la religión monoteísta y que mantuvo y estimuló la existencia de una fraternidad secreta para enseñar las verdades místicas de la vida”. (6)
 
Blavatsky, por su parte, afirmaba que el origen de los esenios debía buscarse en Oriente, y a que éstos “derivaban de los gimnósofos de la India”. Sea como sea, parece claro que la Hermandad Esenia fue un eslabón importante de la áurea cadena de la Tradición esotérica y como tal debemos considerarla.
 
DOCTRINA Y PRÁCTICAS
 
Como bien dijera Flavio Josefo: “la doctrina de los esenios lo refiere todo a Dios. Dicen que las almas son inmortales y dan gran valor a la recompensa del justo. Envían ofrendas al Templo, pero llevan a cabo sacrificios con peculiares ritos purificadores, y por ello se mantienen apartadosde los recintos del santuario, que están abiertos a todos, y ofrendan por sí mismos los sacrificios.
 
En otros aspectos son hombres excelentísimos por su modo de vida y se dedican por completo a la agricultura”. Una de las prácticas más representativas del espíritu esenio era la “comida mística”.
 
Flavio Josefo revela que los esenios “libres de toda contaminación penetran en el comedor como si fuera un santo templo y se sientan en silencio. Entonces el panadero dispone los panes y el cocinero les coloca delante un plato con una sola comida. Un sacerdote bendice la comida, porque sería una falta probar el alimento antes de haber dado gracias a Dios. El mismo sacerdote, una vez han comido, repite la oración de gracias. Tanto al principio como al final honran a Dios como sostén de la vida”.
 
Harvey Spencer Lewis revela que: “Las antiguas escrituras secretas contienen los artículos de fe de los esenios, que podemos reproducir a continuación, y aunque aparecen con leves variantes verbales en las diferentes ramas de la corporación, están indudablemente basados en los artículos de fe que adoptó la Gran Fraternidad Blanca, al fundar la corporación esenia. He aquí los artículos:
 
1ºDios es esencia. Sus atributos semanifiestan al hombre externo tan sólo por medio de la materia.
Dios no es una persona ni se le aparece al hombre enforma alguna de nube o de resplandor [Adviértase la analogía de esta expresión con el pasaje del Evangelio de San Juan1V‐24 que dice: “Dios es espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad, es necesario que le adoren”]
 
2ºEl poder y la gloria del señorío de Dios, no aumenta ni disminuye porque el hombre crea o no crea;
ni prescinde Dios de Sus Leyes por complacer a la humanidad

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24. F
Los, saduceos, esenios, celotes ¿Quienes eran?
 
En la Palestina del siglo I habían surgido algunos
grupos entre la población judía como consecuencia de
las diversas sensibilidades acerca de las fuentes y los
modos de vivir la religión de Israel.
En tiempos de Jesús, los más apreciados por la
mayoría del pueblo eran los fariseos. Su nombre, en
hebreo, perushim, significa «los segregados».
Dedicaban su mayor atención a las cuestiones relativas
a la observancia de las leyes de pureza ritual incluso
fuera del templo. Las normas de pureza sacerdotal,
establecidas para el culto, pasaron para ellos a marcar
un ideal de vida en todas las acciones de la vida
cotidiana, que quedaba así ritualizada y sacralizada.
Junto a la Ley escrita (Torah o Pentateuco), fueron
recopilando una serie de tradiciones y modos de
cumplir las prescripciones de la Ley, a las que se
concedía cada vez un mayor aprecio hasta que llegaron
a ser recibidas como Torah oral, atribuida también a
Dios. Según sus convicciones, esa Torah oral fue
entregada junto con la Torah escrita a Moisés en el
Sinaí, y por tanto ambas tenían idéntica fuerza vinculante.
 
En tiempos de Jesús habían surgido algunos grupos entre
la población judía como consecuencia de las diversas
sensibilidades acerca de las fuentes y los modos de vivir
la religión de Israel.
 
Para una parte de los fariseos la dimensión política
desempeñaba una función decisiva en su
posicionamiento vital, y estaba ligada al empeño por la
independencia nacional, pues ningún poder ajeno
podía imponerse sobre la soberanía del Señor en su
pueblo. A éstos se los conoce con el nombre de
zelotes, que posiblemente se dieron a sí mismos,
aludiendo a su celo por Dios y por el cumplimiento de
la Ley. Aunque pensaban que la salvación la concede
Dios, estaban convencidos de que el Señor contaba con
la colaboración humana para traer esa salvación. Esa
colaboración se movía primero en un ámbito
puramente religioso, en el celo por el cumplimiento
estricto de la Ley. Más tarde, a partir de la década de
los cincuenta, consideraban que también había de
manifestarse en el ámbito militar, por lo que no se
podía rehusarse el uso de la violencia cuando ésta
fuera necesaria para vencer, ni había que tener miedo a
perder la vida en combate, pues era como un martirio
para santificar el nombre del Señor.
 
Los saduceos, por su parte, eran personas de la alta
sociedad, miembros de familias sacerdotales, cultos,
ricos y aristócratas. De entre ellos habían salido desde
el inicio de la ocupación romana los sumos sacerdotes
que, en ese momento, eran los representantes judíos
ante el poder imperial. Hacían una interpretación muy
sobria de la Torah, sin caer en las numerosas
cuestiones casuísticas de los fariseos, y por tanto
subestimando lo que aquellos consideraban Torah oral.
A diferencia de los fariseos no creían en la pervivencia
después de la muerte, ni compartían sus esperanzas
escatológicas. No gozaban de la popularidad ni el
afecto popular del que disfrutaban los fariseos, pero
tenían poder religioso y político, por lo que eran muy
influyentes.
 
Uno de los grupos más estudiados en los últimos
años ha sido el de los esenios. Tenemos amplia
información acerca de cómo vivían y cuáles eran sus
creencias a través de Flavio Josefo, y sobre todo de los
documentos en papiro y pergamino encontrados en
Qumrán, donde parece que se instalaron algunos de
ellos.

Una característica específica de los esenios consistía
en el rechazo del culto que se hacía en el templo de
Jerusalén, ya que era realizado por un sacerdocio que
se había envilecido desde la época asmonea. En
consecuencia, los esenios optaron por segregarse de
esas prácticas comunes con la idea de conservar y
restaurar la santidad del pueblo en un ámbito más
reducido, el de su propia comunidad. La retirada de
muchos de ellos a zonas desérticas tiene como objeto
excluir la contaminación que podría derivarse del
contacto con otras personas. La renuncia a mantener
relaciones económicas o a aceptar regalos no deriva de
un ideal de pobreza, sino que es un modo de evitar
contaminación con el mundo exterior para
salvaguardar la pureza ritual. Consumada su ruptura
con el templo y el culto oficial, la comunidad esenia se
entiende a sí misma como un templo inmaterial que
reemplaza transitoriamente al templo de Jerusalén
mientras que en él se siga realizando un culto que
consideran indigno.
 
BIBLIOGRAFÍA: Étienne NODET,
Essai sur les origines
du Judaïsme: de Josué aux Pharisiens
(Editions du Cerf,
Paris 1992); Anthony J. S
 
ALDARINI,
Pharisees, scribes and Sadducees in Palestinian society: a sociological
approach
(William B. Eerdmans, Cambridge 2001);
 
Francisco VARO,
Rabí Jesús de Nazaret
(B.A.C., Madrid,
2005) 91-97.
 
© www.opusdei.org
– Textos elaborados por un equipo
de profesores de Teología de la Universidad de Navarra
dirigidos por Francisco Varo.